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lunes, 5 de marzo de 2018

¿Por qué fracasa el coaching (cuando lo hace)?

Foto: Maite Inglés. Álbum
Menudean los antiguos clientes de un proceso de coaching que no hablan bien de ello. Desencantados, enfadados, con sentimiento de estafa, catalogan a la profesión entera de palabreros de los que vendían bálsamo de Fierabrás por los pueblos.

No hay tal. La profesión, la praxis del coaching, es honrada, aporta vías para generar soluciones y, cuando el/la coach es buen@, resulta rotundamente eficaz, transformadora, y muy eficiente en la consecución de los objetivos del cliente, cuya vida ya no será la misma. Pero sí hay fracasos, entendiendo por ellos aquellos procesos en los que el cliente no consigue su objetivo ni su cambio, o donde encima sale dañado en su ser y/o en su hacer por la actuación del coach.

¿Por qué fracasan esos procesos? Analicemos los dos lados, coach y cliente, y expongamos los más comunes.

Del lado del coach:

  • Por las chapuzas del coach. Ejemplos: preguntar al tuntún porque no sabe dónde apuntar; falta de criterio para descubrir dónde realmente le aprieta el zapato al cliente; interpretaciones sui generis alejadas de lo que el cliente ha dicho que obviamente éste no compra ni comparte y le generan resistencias; justificar la propia impericia aludiendo a patología psicológica del cliente cuando a un buen coach jamás se le pasaría eso por la cabeza...

  • Ausencia de conocimientos de Psicología. Todo coach no psicólogo, y hasta clientes asustados de que les tilden de menoscabados por el mero hecho de mencionar que reciben servicios de un psicólogo (¡así estamos aún, y esto es ya el siglo XXI!), negará que el coaching va de psicología aferrándose a cualquier argumento, entre ellos que los pioneros del coaching no eran psicólogos. Cierto sólo hasta cierto punto: Timothy Gallwey entrenaba tenistas (por eso la disciplina se llama coaching -entrenar-), y para ello conocía muy bien el alma y los obstáculos de sus entrenados. Y Humberto Maturana era biologo y también filósofo (no olvides que la Psicología como disciplina académica formal se desgajó de la Facultad de Filosofía hace poco, en España sólo hace 50 años). Lo que se conoce muy poco es que unos y otros pioneros se apoyaron en las investigaciones científicas que, con alma de hormiguita, iban llevando a cabo los psicólogos en las universidades. El que no sabe Psicología no puede ser un buen coach para ti.

    • Deficiente conocimiento de las emociones y cómo gestionarlas. Hoy en día abundan quienes hablan de inteligencia emocional como si fueran expertos. Muchos coaches no hacen menos, pero cuando les oyes expresarse te das cuenta de sus propias interpretaciones erróneas que no quieren cuestionar, y de su falta de autoconocimiento. Saben lo que el común de los mortales y, así, claro, no te pueden ayudar.

    • Imposibilidad de ver en el alma del cliente. Con esto me refiero a no saber encontrar dónde están los obstáculos que impiden al cliente llegar a su objetivo o superar su problema. A veces, incluso, tampoco consiguen ayudar a acotar y definir el problema del cliente. 

    • Falta de herramientas que faciliten el cambio del cliente.
    • Ponerse directivo-mandón, esto es, no dejar que el cliente explore sus soluciones, sino imponer su librillo. Eso lo hacen los mentores, señores, el nombre es distinto por algo.  

    ¿Cuales pueden ser las causas principales de estos fracasos del coach? Por ejemplo la tan extendida insuficiencia de la formación recibida; la ausencia de criba y selección de los futuros candidatos a coaches por las escuelas del ramo (¿por mor de hacer caja?); o hasta las deficiencias o aberraciones que dicha formación imparta. Por eso es tan importante que tú, cliente, indagues en qué formación, talentos y bagaje tiene el coach que has elegido.

    Del lado del cliente:

    • No se pone en manos del coach, pues decide que hay aspectos de su ser o hacer que no quiere trabajar. No falla: esa suele ser el área en la que precisamente el cliente habría de arremangarse para resolver su problema o conseguir su reto. Al negarse a crecer en dicha área, el coaching queda chiquito, meramente operativo, no enriquece ni transforma. Lo malo es que ese cliente vaya luego diciendo "a mí el coaching no me hizo mucho" en vez de decir "yo no permití que el coaching me hiciera mucho". 
    • El cliente espera magia del coaching. Por llevarlo al terreno del bienestar físico, que entenderás bien, es el tipo de cliente que pretende que sus músculos estén en forma sólo recibiendo masajes, en vez de hacer ejercicio. Pasivo versus activo, receptor en lugar de actor. Falta inquietud. Como en el bienestar físico, esa actitud tampoco funciona para el desarrollo personal.
    • Esto sólo en coaching ejecutivo: soberbia del directivo o ejecutivo con una opinión excesiva de sí mismos. "¿Que me vas a enseñar tú a mí qué? Yo estoy bien como estoy". Lo cierto es lo contrario: los ejecutivos más inteligentes, mejores y que más prosperan son los que piensan que pueden aprender de cualquier cosa, y van haciendo pian piano sin autocolocarse medallas ni subirse mentalmente a podios. Esos, los humildes -y no confundir humildad con modestia-, son los que beben de sus procesos de coaching con fruición, y los que más crecen y ganan con él a pasos agigantados.
    Feliz mes para todos

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    Maite Inglés es Coach Profesional desde 2006, en coaching personal, de ejecutivos, equipos y negocios. También ejerce el coaching terapéutico apoyándose en EMDR e Hipnosis. Acreditada PCC por ICF. Mentora de ejecutivos y negocios, y Mediadora en conflictos civiles, mercantiles y familiares. Economista, MBA y DEA doctoral en gestión de emociones, resiliencia y Psicología Positiva. Trabaja en español, inglés e italiano.

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